miércoles, 11 de julio de 2012

La centralidad del territorio

 

Se pretende realizar un ejercicio de reflexión y de reconstrucción personal del concepto de “Territorio”, desde un punto de vista ontológico y con la intención de situarlo en una posición central en los estudios territoriales y las actuaciones con dimensión espacial en general.

El territorio es, entre otras cosas, un recurso y una mercancía, lo que provoca ineludiblemente tensiones y conflictos múltiples.

La importancia del territorio como recurso viene reforzada por el hecho de que en nuestras sociedades actuales, el territorio es además un recurso escaso. Muchas localidades dependen de la explotación de sus recursos territoriales para mantener sus niveles de desarrollo económico. Es la propia variabilidad espacial de los recursos territoriales lo que dota a ciertas localizaciones de ventajas relativas que resultan ser de vital importancia para su posicionamiento regional y global. Por tanto, la adecuación de las actuaciones públicas sobre el espacio condicionan y son condicionadas por las relaciones territoriales y por las características de su emplazamiento.

Las tensiones que produce la globalización se materializan en procesos de conflictos territoriales, frecuentemente polarizados al escenario global-local. Las actuaciones territoriales en nuestro entorno geopolítico cada vez son más cuestionadas y combatidas por grupos de opinión local, y en muchas ocasiones esta resistencia acaba adoptando formas de oposición organizada. Resulta muy complicado el encaje de las necesidades globales (sea cual sea su escala regional)  en los ámbitos locales. Las comunidades han adquirido conciencia de sus valores territoriales, como fuente de riqueza, de desarrollo, y de calidad de vida, reforzados por un incremento en los sentimientos identitarios precisamente amplificados por las tensiones globalizadoras.

Es por este motivo que el análisis territorial emerge como una herramienta fundamental para poder llevar a buen término una planificación estratégica de acuerdo a criterios defendibles y razonables. No es suficiente la inversión en campañas políticas de información y sensibilización por parte de los actores ejecutivos de las actuaciones territoriales. También es imprescindible que los estudios redactados con la intención de evaluar las implicaciones territoriales de las actuaciones proyectadas posean como mínimo dos cualidades: que se tenga en cuenta el territorio, integralmente, en toda su diversidad y complejidad, y a una escala mínimamente representable políticamente; y que el método de evaluación sea lo más objetivo posible.

Gracias a estas dos características, la redacción de los estudios gana en calidad y transparencia, cosa que resulta de vital importancia a la hora de tratar con colectivos que se han de ver afectados por las actuaciones territoriales, y que no han de recibir ningún beneficio tangible a cambio. La forma de objetivizar la metodología permite, entre otras cosas, que los resultados sean comparables tanto en el tiempo como en diferentes localizaciones.

Es en esta tesitura, que se debe desarrollar un modelo de evaluación que coloque al territorio en un lugar central del análisis.